El momento de Sara 2

La mano que acarició su espalda mientras la arrancaba de los brazos de Morfeo consiguió que Sara sacase su primera sonrisa. La tentación de quedarse allí quieta haciendo como que seguía dormida cesó tan pronto su espalda empezó a ser recorrida por una boca hambrienta y la mano juguetona recorría el contorno de sus muslos.

—Sé que estás despierta —murmuró al oído una voz de hombre tan agradable como sensual—. Sé que estás despierta y que quieres ser mi desayuno.

Gimió de placer cuando sintió como la mordía en el hombro mientras la abrazaba compartiendo con ella un calor abrasador.

—Es muy temprano para estas cosas —protestó con voz débil deseando que no la hiciese caso.

El momento de Sara

La voz de la conciencia dormía tranquila esa mañana. El veneno de las palabras con las que cada día la juzgaba aún estaba en fase rem y no parecía que estuviese preparada para molestarla en un buen rato. Tener ese momento de paz interior era algo extraño y relajante; así que cuando Sara se puso en pie vislumbró lo que era sentirse bien por primera vez en mucho tiempo.


Al mirarse en el espejo, este, le devolvió una imagen de una chica escuálida y con ojeras de no haber dormido bien la noche anterior. El pelo negro enmarañado en un peinado imposible era algo con lo que tendría que luchar más tarde. Desnuda, tal y como estaba, se metió a la ducha para que el agua fría estimulase su cuerpo. Apoyó las manos contra la pared y se relajó mientras las caricias de la lluvia improvisada la limpiaban.

Vida Eterna

¿Y si murieses ahora mismo? ¿Qué querrías que te pasase?


De manera inconsciente con esa sencilla frase tus pensamientos ya volaron a un destino. Ese beso sin dar, ese sueño sin alcanzar, ese puñetazo que nos reservamos para el momento oportuno... Es el final de un momento lo que nos hace darnos cuenta de lo que es importante para nosotros.


Esa vez en la que dándonos un último beso de despedida decimos adiós para siempre al que sabemos será nuestro gran amor. Ese instante en que miramos a nuestros compañeros de clase o del trabajo y sabemos que cuando crucemos la puerta de salida nunca más podremos volver atrás. Tras una noche fantástica de carnavales en la que nos regalamos amor con una persona que ni se quitó la máscara ni nos dijo su nombre… Esos instantes terminan, muchas veces, para no volver.

La maldición del poeta

Hablar, gritar, susurrar, escribir, dibujar, cantar, esculpir, recitar… ¿alguna vez os habéis fijado en la cantidad de formas en las que el ser humano puede expresarse? ¿Todas las maneras que existen para crear odas a la belleza, al dolor, al amor, al odio…? Son muchas, pero entre todas ellas siempre ha destacado la poesía.


Esta semana pasada, mientras disfrutaba del festival de la palabra, tuve el placer de contemplar una obra de teatro inspirada en la vida de Julia de Burgos; la famosa poeta puertorriqueña. El amor, el miedo y el sentimiento patriótico de la misma, expresados con su lírica, hicieron del tormento de su vida una bella función. Sentado allí no pude evitar que mis pensamientos volasen hacia mi compañero poeta, y gran amigo, Carlos Vázquez Cruz.

El delincuente

Si algo era seguro es que Greig Maryon odiaba las armas. El olor de la pólvora no le gustaba ni siquiera en los fuegos artificiales. Ese toque a quemado provocaba que siempre se le arrugase la nariz en un tic incontrolable y que se le tensasen los músculos de su boca intentando no gesticular. Para él no había nada más estúpido que un hombre de sesenta años al que un mal olor le cambiase la cara como si fuese un niño pequeño.


También estaba el hecho de que aquellos que tenían armas siempre pensaban que solo las iban a utilizar en caso de emergencia. Como si hubiese habido alguna vez que no se hubiesen disparado por error. Si no era el dueño sería el amigo, si no la esposa cuando no ocurriese una desgracia y lo hiciese un hijo. No era un quizás, ni siquiera un a veces, quién tenía un arma tentaba al destino.

Entre putas y cabrones

La guerra más antigua no es aquella en la que hubo ochocientos millones de muertos allí donde Napoleón perdió el sombrero. El motivo de la misma tampoco es algo tan banal como el dinero o conseguir más tierras para una misma nación. La verdadera naturaleza humana, la agresividad que llevamos marcada en nuestro ADN, está patente cuando juntas a las dos fieras más peligrosas de la creación, un hombre con una mujer.


Qué diablos…


Si el experimento era tan arriesgado que incluso Dios decidió expulsar a los únicos dos que conocía del paraíso para no arriesgarse a salir herido en un fuego cruzado. Desde entonces llevan peleando. Que si tú te comiste la manzana, que si tú también, que si te la ofrecí por si tenías hambre, que si lo hiciste por joder…

Hoy

El fantasma que hay en mi habitación me persigue. Me habla de ti; de tu sonrisa, de tu mirada, del ardor de tus palabras y de las curvas de tu cuerpo, de la forma en que me abrazabas cuando creías que dormía, de la manera en que gimes cuando te excitas, del momento que nunca tuvimos y de todos aquellos que ya vivimos, de esa manera tan particular de sacarme la lengua cuando quieres chincharme, de los piropos que lanzas cada vez que me ves, de esa película que disfrutamos juntos y de las canciones que no bailamos, de las veces que pasé la punta de mis dedos por tu piel desnuda, de la primera vez que me hundí en tu mirada, de la última en que me sacié con tu boca, de las cenas a base de pizza y los desayunos a base de besos.


El fantasma que hay en mi habitación me persigue. Me habla de ti; en mi cama, en la cocina, en el salón, en la calle, en el cine, cuando estoy con alguien o cuando estoy a solas, me habla mientras me ducho y mientras espero, mientras trabajo o cuando no hago nada, mientras conduzco, mientras rezo, me habla cuando solo hay silencio o cuando el ruido llena las paredes, cuando rio, cuando lloro, cuando grito rompiendo los platos donde una vez comimos, cuando abrazo aquel peluche tuyo que siempre odié, cuando paso por tu calle, cuando veo a tus amigos, cuando voy a la piscina, cuando me siento bien, cuando me siento mal y hasta cuando creo que puede parar.

Mis comienzos...

Alguien como yo que se lanza de cabeza sin saber muy bien si se está tirando a una piscina, al mar o a un océano, siempre es proclive a terminar sus aventuras de manera funesta y de norma con más problemas que soluciones. Que os voy a decir, soy como esos amantes de lo fantástico que en lugar de comprarse un Audi prefieren soñar con montar dragones y que en vez de dar una vuelta con los amigos, se pasan el tiempo intentando domar unicornios. Un aplauso por el mundo que permite esos gustos peculiares.


Sabiendo eso, diríais que el camino lógico que la vida ponía ante mí era el de ser un gran escritor. Pero no. ¿Qué clase de historia sería esta si ya supieseis todos los detalles del final desde el principio?


Una muy aburrida.


Entonces ¿por qué y cuando comencé?

Paranoia

Acabo de llegar de las vacaciones y ya estoy sentado frente a mi ordenador. Tenía ganas de algo fuerte. Una entrada especial que supla mi instinto de permanecer cuerdo, atado a la realidad con la que la rutina quiere atraparme. La pesadilla de septiembre atacándome en pleno Julio ¿os lo podéis creer?


Yo no.


No sé si a alguno más le sucederá lo mismo pero es como si mi cerebro quisiera avisarme de que el mundo que veo no es real. Como si no existiese. Como si todo lo que nos rodea no fuese más que una fábula que nos hemos inventado para no ver el vacío inmenso sobre el que flotamos. ¿Qué son entonces todas esas personas a las que amamos y que creemos conocer?

Mañana...

El futuro. Negro. Caótico. Imposible. Un lugar en el que la esperanza es la única bombilla con que podemos alumbrar ese montón de dudas cuyas respuestas no encontraremos en el presente. Es el mañana. El lugar en el que descansará el esfuerzo de hoy o donde caeremos víctimas de un ayer del que no pudimos escapar. El día que nunca llega pero que finalmente, cuando menos lo esperamos, nos encuentra encogidos, viejos y cansados.


Todos presumen de no temer esa fecha. De vivir tranquilos porque saben que… mentira. Todos le temen. Desde la madre que se acaricia la abultada tripa acariciando a un feto no nato y preguntándose si todo saldrá bien, hasta el trabajador despedido que pasea por la calle rumbo a casa con su último cheque en la mano. Incluso ese adolescente, sabiendo que no tiene todas las respuestas, que está preocupado por el examen que tiene al día siguiente o un niño cualquiera el seis de enero, esperando que los reyes magos no viesen aquella travesura.

Para nuestro amigo...

Españoles, el rey se va. Se jubila. Abdica. Esa es la gran noticia de la semana. No sois capaces de entenderlo, lo sé, por eso tengo que avisaros de que estamos en un lio... ¿Qué será de nosotros ahora? ¿Quién estará lleno de orgullo y satisfacción estas navidades? ¿El abuelo? No. El abuelo no tenía ese no sé qué que al mirarle en la tele nos hacía decir "Ahí está el de todos los años". Porque al igual que el turrón, Juanca, como le llamamos los amigos, siempre vuelve a casa por navidad. Nos mira desde la caja tonta y siempre le tenemos orgulloso y satisfecho aunque este año hayamos vuelto a votar a Rajoy.


Así que aunque en África los elefantes hayan entrado en éxtasis haciendo la ola ante la noticia y Felipe esté dando saltos de alegría junto a Leticia, yo estoy triste. Estoy muy triste, aunque no tanto como los hospitales de Madrid que ya no tendrán publicidad gratuita cada vez que su majestad vaya a visitarles. Porque hasta en eso pensaba Juanca. Los hospitales, llenos de profesionales, no habrían podido sobrevivir sin su presencia. Todos los pacientes del mundo no generan ingresos como lo hace su cadera o sus rodillas. Es por culpa de esos detalles que van a tener que privatizar todo, porque no vamos con la prensa a cada intervención que nos hagamos. ¿Intimidad para qué?

Las ciudades, mis mujeres

Con lo poco que me gusta viajar, es inconcebible la cantidad de sitios en los que he estado. Hoy, mientras desayunaba y pensaba que me apetecía escribir, sonreí con nostalgia recordando algunos de ellos.


Los lugares que he conocido y por los que me he movido siempre tienen algo en común, me parecen mujeres. Hablemos por ejemplo de Melilla. Al contrario de lo que se especula en las novelas de amor ¿qué hombre no está tentado de hundirse en el amor de una mujer fácil? Una chica que, como las calles de Melilla, tiene miles de promesas y deseos por complacer. Una ciudad en la que el pecado no es tal y que si la amas lo bastante, puede seducirte complaciendo tus vicios más oscuros.

Mi vicio...

Uno de mis vicios preferidos es gastar dinero. Derrochar miles de millones de euros en apartamentos, coches, fiestas, vacaciones… comprar todo aquello con lo que sueño. Pero la realidad siempre se me impone y como no soy rico, tuve que cambiar ese buen vicio por el de jugar a los videojuegos. Tampoco es que sea algo barato. A pesar de todo, con el paso de los años tengo una colección impresionante que empezó cuando yo tenía catorce años.


De hecho ¿sabéis lo que hice con mi primer sueldo? Eran diez mil pesetas y me gasté siete mil quinientas en comprarme el “Tecmo cup” un videojuego de la famosa serie “Campeones” (con los nombres cambiados para no pagar derechos de autor je je je). Aún recuerdo con cariño las horas que estuve con mi gente jugando a la consola, la antigua Nintendo que todos teníamos.

Realidad pura y dura

Hoy, a las 4:35 en la avenida Gasteiz de Vitoria, se podía oler la tragedia en el aire desde primera hora de la mañana. Ella era una madre de no más de treinta años que paseaba muy feliz con su cochecito de bebe cuando el autobús Nº5, siguiendo su ruta, accedió a la carretera por donde cruzaba la chica. Sin saber por qué y al grito de “Banzai”, la mujer embistió al autobús con el cochecito provocando 19 heridos y cuatro muertos a los que siguió atropellando entre la chatarra para el horror de los presentes.


Poco más tarde se descubrió que la chica procedía de Irún y que sufría del síndrome del conductor vasco. Una enfermedad que hace que las personas afectadas por ella, tenga un impulso irresistible de crear el caos, la muerte y la destrucción con cualquier vehículo a su alcance.


Para las 19:00 la mujer ya estaba recluida en el hospital de Santiago para su tratamiento cuando, tras empujar a la enfermera que la llevaba en camilla a rayos X, saltó de la misma para empezar a conducirla por los pasillos del hospital atropellando a médicos y pacientes por igual.

El día internacional del libro

El día 23 de abril fue elegido como Día Internacional del Libro pues coincide con el fallecimiento de Miguel de Cervantes, William Shakespeare y el Inca Garcilaso de la Vega en la misma fecha en el año 1616 (aunque realmente no es así: Cervantes falleció el 22 y fue enterrado el 23, mientras que Shakespeare murió el 23 de abril del calendario juliano, que corresponde al 3 de mayo del calendario gregoriano). En esta fecha también fallecieron William Wordsworth (en 1850) y Josep Pla (en 1981).


La Unión Internacional de Editores propuso esta fecha a la Unesco, con el objetivo de fomentar la cultura y la protección de la propiedad intelectual por medio del derecho de autor. La Conferencia General de la Unesco la aprobó en París el 15 de noviembre de 1995, por lo que a partir de dicha fecha el 23 de abril es el "Día Internacional del Libro y del Derecho de Autor".

Pintando la realidad


Si alguien quisiera escuchar, abriría la boca para contar un millón de ideas que pasan a la vez por mi cabeza. Si tuviese el valor de hacerlo, de hablar tal y como pienso, pintaría del color del arco iris todos los edificios de esta ciudad tan solo con mis palabras. Porque no me gusta conformarme en dejar las cosas tal y como son. De vivir en una ciudad que no tenga más que un color.


La vida es un sin fin de cambios, por mucho que nos duela. Nacemos, crecemos y descubrimos que aquellos niños que una vez fuimos son ahora hombres y mujeres con trabajos y vidas personales. No nos gusta, lo entiendo. Nos negamos a crecer manteniéndonos siempre con la esperanza de que el tiempo no ha pasado, de que no estamos solos.

En días como hoy...

Hoy, a la sombra de una bombilla, sentado frente al ordenador mientras miro por la ventana, dejo que la melancolía vuelva a seducirme. Esa extraña maldita que tiene en sus labios el único licor que me emborracha y me hace desear hundirme en ella para satisfacerla como su amante más íntimo. Esa tristeza por un ayer perdido que me embriaga, haciendo añorar un ayer no tan bueno y privándome de un futuro lleno de sorpresas.


Que será de mí, pobre mortal, que cae en la trampa del antaño para no levantarme y mirar al presente a la cara. Un momento en la actualidad que me tacha de loco por aferrarme a esos momentos en los que sentía que la vida era solo mía.

Los aderezos de un profesional

De todos es sabido que cada individuo tiene y carece de ciertas habilidades. En mi caso por ejemplo, adoro escribir pero soy pésimo a la hora de dibujar cualquier cosa. Incluso el diseño más sencillo parece cualquier cosa si lo hago yo. La gente que me conoce, aún sonríe cuando recuerdan mis mapas en los que un círculo y un palito eran un árbol y varios círculos juntos formaban un bosque… Soy malo y lo sé.


¿Habéis visto que sencillo es? Soy malo y lo sé. Es así de simple. Si quisiera mejorar, tendría que practicar mucho e ir poco a poco haciéndolo cada vez mejor. Pero no quiero. No me gusta lo bastante como para perder mi tiempo en eso. Eso sí, reconozco abiertamente que el dibujo me encanta. Que las personas capaces de plasmar un sinfín de emociones en un lienzo (o una página de papel) son dignas de la mayor admiración.

Una de preguntas

Hoy ha llovido, ha salido el sol e incluso ha estado nevando por un buen un rato; y es que el clima está loco. Pero eso no es lo peor. Lo más duro ha sido aguantar que por la calle, la gente no dejase de hablar del tiempo. Cada vez que entraba en cualquier sitio repetían hasta el infinito “Qué mal día hace ¿No?”.


Qué pasa ¿que hasta que no he entrado yo no han notado como llueve? ¿Qué el resto de clientes van con gafas de sol y en manga corta? Vamos, que es impresionante la cantidad de joyas que sueltan por ese agujero al que llaman boca.


¿Qué nieva? Pues siempre está el listo que te suelta

La niña

Nadie diría con la vitalidad que cada mañana Jeiron Crasier desperdiciaba, que tenía más de cincuenta años. Sus zapatos lustrosos, su traje con corbata de más de cinco mil dólares y la chaqueta azul sobre una camisa blanca impoluta de seda pura, eran la firma con la que cada mañana iba a pasear por los lugares más recónditos de su querida ciudad.


Ninguno de sus socios llegaba a comprender su extraña afición a la hora de pasear y descubrir escondrijos nuevos. Como se sentía entrando en un restaurante al que ninguno de sus amigos iría por propia voluntad y llevarse la sorpresa de conocer el sabor de la mejor hamburguesa de toda la ciudad. Perderse en los suburbios y que en lugar de atracarle, como salía en un millón de películas, una pandilla de chicos escuchando reguetón a todo volumen le indicasen con educación como salir de allí.


Sabía que el mundo tenía sus cosas buenas y sus cosas malas, no sería la primera vez que habían intentado timarle o engañarle. Pero no sería encerrado entre los límites de los mejores clubs de la ciudad donde descubriría lo que la vida podía llegar a ofrecerle. Así había sido como contrató a sus últimos descubrimientos. Gente especial sin una titulación excesiva pero con unos conocimientos y un talento sin igual. Personas que se había criado en la escuela de la vida y que reconocían la oportunidad que les estaba brindando cuando les permitía trabajar para él.

La vecina del quinto y otros amores descarriados

Hoy a la hora de despertarme, he abierto los ojos con ganas de comerme el mundo pero al final, como no había nadie para acercármelo hasta la cama, me he tenido que levantar como todos los días y hacerme yo mismo el desayuno. Que pereza. Después, me he venido a mi ordenador para responder varios correos, examinar las distintas redes sociales y prepararme para mi querido blog cuando pasó todo.


Qué ¿qué pasó? Ahora os cuento, impacientes. Solo atajaré diciendo que tiene que ver con mi vecina del quinto. Si, esa vecina espectacular —o vecino en el caso de las féminas— que todos tenemos en el quinto, salvo aquellos que vivan en edificios con cuatro alturas, y que nos tiene trastornados. Si, esa vecina con la que coincides casi todos los días para comprar el pan cuando casualmente, llevas esperando hora y media en el portal a que salga de casa. La misma que si supiese lo que piensas, te denunciaría por imaginarla haciéndola cosas prohibidas en la mayoría de los países. ¿A qué sabéis de quién hablo?

Instrucciones de como freir un huevo


Estimado lector:


Espero que estando tan cerca San Valentín aún, sepas apreciar el hecho de contar con esta guía para que tus aspiraciones en la cocina sean satisfechas y tengas el éxito culinario que el éxito de tu primera cita se merece. O por lo menos, en el caso de que seas soltero, no mueras de hambre en el proceso.


Paso uno. La materia prima:


Cuchillo en mano, prueba a ir a la granja del vecino y amenazar de muerte a una de sus gallinas obligándola a escoger entre su futuro hijo o su vida. Las gallinas no suelen ser famosas por su valor, así que no creo que tengas mayor problema a la hora de conseguirlo. Si por casualidad se resiste y te ves obligado a usar el arma, tras el capítulo “cómo freír un huevo” prueba a darte una vuelta por el capítulo cuatro “como hacer caldo de gallina”.


También se puede dar el difícil caso de que ninguno de tus amigos tenga una granja cerca y decidas ir a un supermercado a comprar los huevos, aviso que no nos hacemos responsables del precio desorbitado al que las multinacionales están poniendo sus productos.


Paso dos. La violencia, a veces si es la solución:

Entrevista a un moribundo

Vale, quizás el título de esta entrada sea algo exagerado para alguien que solo tiene la gripe... pero no lo entendéis, ¡Es que me duele mucho la cabeza! Si, de verdad. Si a eso le añadimos la inflamación de garganta, los mareos, los vértigos y las ganas que tengo de suicidarme con sobredosis de antigripal en vena ¿No puedo exagerar ni un poquito?


Pero bueno, en la entrada de hoy lo primero que haré será disculparme. Desde el domingo, estoy teniendo mucha fiebre así que si veis algo inconexo o alguna falta de ortografía, no seáis demasiado duros conmigo. Pensad que soy un convaleciente digno de compasión y respeto.


"Pero vamos a ver querido Gael, si tanto es así ¿no estarías mejor en la cama?"


Solo hay una respuesta sincera para eso. Si. Vamos, que acabo de salir y ya me muero de ganas por volver. De hecho, si lo pienso bien, me han dicho en multitud de ocasiones que si no me encuentro en condiciones de hacer un trabajo increible, mejor que no haga nada. A lo que yo me pregunto: dedicar mis pocas energías a un blog que solo sale los miércoles cuando estoy delirando ¿No lo vuelve un trabajo extraordinario?

Cuando las hormigas pican

A medida que el refresco dejaba una mancha de humedad sobre el bordillo en el que estaba sentado, Ajouter observó como la condensación creaba en su superficie gotas de agua que resbalaban por la lata con una calma abrumadora. Nunca acabaría de acostumbrarse al clima de esa jodida ciudad; el frío que la otra noche le había sorprendido caminando por las calles, parecía haberse retirado ante las amenazas de un sol que nunca terminaba de calentar lo bastante.


Frente a él, unos chicos de no más de dieciséis años bamboleaban con energía un delgado árbol con la intención de romperlo. De izquierda a derecha, el flexible tronco luchaba con todas sus energías los intentos que esos chicos hacían por doblegarlo.

Pesadilla en el reino de...

Desde que el príncipe abrió la puerta del lugar, el olor de las hierbas allí amontonadas inundó sus fosas nasales. Era un aroma entre fuerte y dulzón que se mezclaba con un ligero tufillo a descomposición que prefería no averiguar a qué se debía.


Entró solo, tal y como había especificado el ayudante de cámara que le habló del lugar, pero ahora que estaba allí, se arrepentía de haberle hecho caso. Aquel sitio tenía un aura maligna impregnada en sus paredes. Una fuerza oscura que le ahogaba y gritaba que huyese de allí para no volver.


Ignorando las advertencias que su mente le mandaba a modo de pánico irracional, se forzó a dar un paso tras otro. Mientras lo hacía, no dejaba de repetirse que si se daba media vuelta a lo mejor conservaría su alma intacta al acabar el día. Apretando los puños, calló aquella voz en su interior bloqueando todos los instintos que hasta ahora siempre le habían ayudado a permanecer vivo.

Mi lugar especial

Con los ojos cerrados en mitad de ninguna parte, no permito que el ruido de los coches me desconcentre. Ni siquiera el olor dulzón a hierba recién cortada puede extraerme de las profundidades en las que me estoy adentrando, y de las cuales no voy a regresar intacto.


El cuero sobre el que quiero sentarme no es como el de una silla, es parte de algo más importante que el de un mobiliario de la casa, puesto que es la piel real de algo que no debería existir. Como si se diese cuenta de mi presencia, un rugido ensordecedor acalla todos los demás ruidos.


Nadie ha tenido nunca la oportunidad de acercarse. El miedo les ciega, y les impide domar a la bestia. El duro tacto de sus escamas que la protegen de cualquier daño, la visión de unas mandíbulas capaces de destrozarlo todo y el olor a muerte que desprende su sola presencia, amedranta a los más valientes. Pero eso no es lo peor. Lo más duro es mirarla y saber que es imposible tocarla. Que jamás se doblegará ante nadie, por mucho que ahora yo la quiera montar.

Yo voto SI al agua

Hoy tenía un dilema moral a la hora de ponerme a escribir. No sabía si empezar la tercera entrega sobre la creación del mundo o deleitarme con una descripción preciosa sobre mi lugar especial. Ambas me tenían enganchado. Una con su humor y la otra, con su potencial a la hora de hacerme soñar. Por desgracia, antes de sentarme frente al teclado, me dio por leer el periódico mientras desayunaba. Así que como este es mi blog y soy yo quien decide, es en la parte de los comentarios donde podéis opinar con libertad, hoy os tocará soportar mi ira social.


Bueno, el hecho es que Coca Cola ha creado un ERE que afecta a mil doscientos cincuenta trabajadores en España (por ahí he oído que pueden llegar incluso a los mil quinientos, no estoy seguro). Así que esta entrada trata sobre otra de esas "pequeñas" compañías con buenos beneficios, que ha decidido subirse al tren de las nuevas oportunidades que les abre la reforma laboral impuesta por el gobierno.


¿Qué motivo han dado? Como siempre, un mercado competitivo. Pero encima, despedir a mil doscientos cincuenta trabajadores provoca unas ligeras mejoras en la compañía de las que no han hablado como por ejemplo, hacer que el resto de la plantilla le entre miedo y trabaje más duro. ¿A que es una buena idea? Si es que no sé porque no le dejaron hacer lo mismo a Telefónica...

La creación, esa rara casualidad 2

Por si acaso, en esta ocasión os recomiendo leer la primera parte (que está debajo de esta) para que haya continuidad, antes de empezar con esta entrada. Que la disfrutéis.

Tras el problema de los dinosaurios, Dios tardó un tiempo en recuperarse. Era incapaz de mirar a la tierra sin que le doliese ver que Saurus, colmillitos, tres dedos y el malo de Trex, habían desaparecido para siempre. Aquello no podía volver a ocurrir. Era ilógico que por un pequeño problema como un ligero apocalipsis, todo se fuese al traste. Era un asunto tan serio, como el incidente antes de crear la gravedad. Tenía que idear una solución para que aquello no volviese a ocurrir.


Al principio, pensó en cubrir todo con una red invisible alrededor del planeta; más que nada para que las cosas se quedasen dentro. Lo llamó, atmósfera. Funcionaba más o menos bien. Vamos que dejaba las cosas dentro. Pero estaban flotando sin control, como si les hubiesen dado un chute de Red Bull. Sin embargo, no era eso lo que quería. Además ¿y si en lugar de caerse al vacío infinito se quemaban? ¿Y si era un maremoto lo dejaba todo destrozado?

La creación, esa rara casualidad

En toda película que se precie, siempre tiene que haber dos polos opuestos enfrentados. Gatos contra perros, los ninjas contra los samuráis, los dinosaurios devorando seres humanos como si fuesen golosinas o robots que quieren ser libres. La lucha del bien contra el mal o contra las injusticias es una guerra tan antigua, que siempre ha estado allí. Pero ¿Cómo empezó todo? ¿Y cómo terminará?


Se rumorea que antes de que nada existiera, Dios estaba mirando al vacío infinito pensando que hacer con todo aquel espacio. Llevaba cuatro eternidades allí sentado y empezaba a aburrirse de no hacer nada provechoso con su tiempo. Necesitaba distraerse con algo y organizar aquel lugar, era el mejor plan de los últimos siglos.


Lo primero, fue crear la luz y ver todos los rincones de los que disponía para llenar de trastos y ocurrencias. Resulta que la nada era mucho más extensa de lo que nunca se había imaginado, allí dentro cabía de todo. Era alucinante. Con una sonrisa ante tantas posibilidades, lo llenó con dos globos. Eran unos globos traslucidos, que flotaban sin que nada les molestase. Hermosos como ellos solos, llenaban el vacío aunque no lo suficiente.

Din don Suena el reloj

En un ataque de felicidad extrema ante la entrada de año nuevo, de gentileza única que nos otorga la navidad con sus villancicos, me toca a mí ser la nota discordante que tiña de gris esta rosada realidad. No todas mis entradas iban a ser cómicas. Hay una época en la que estoy triste. Tan triste, que no puedo ni llorar.


En mi tradición privada, en lugar de mirar con esperanza el año nuevo, examinó el que quedó atrás mientras me despido de todo lo que me regaló. Es así como extraño las sensaciones que nos han acompañado desde que éramos niños y que la mayoría, tiene olvidadas en un rincón de su cerebro.


Por ejemplo, seguro que habéis olvidado cuando íbamos por la calle con una mochila más grande que nosotros, donde llevábamos nuestro peso en libros para un día de clase. No como los flojuchos de ahora, que el que no tiene taquilla en el instituto le ponen una mochila con ruedecitas para que no se haga daño. Si es que no me extraña que luego les falte fuerza a los pobres.

 
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