miércoles, 30 de abril de 2014

Realidad pura y dura

Hoy, a las 4:35 en la avenida Gasteiz de Vitoria, se podía oler la tragedia en el aire desde primera hora de la mañana. Ella era una madre de no más de treinta años que paseaba muy feliz con su cochecito de bebe cuando el autobús Nº5, siguiendo su ruta, accedió a la carretera por donde cruzaba la chica. Sin saber por qué y al grito de “Banzai”, la mujer embistió al autobús con el cochecito provocando 19 heridos y cuatro muertos a los que siguió atropellando entre la chatarra para el horror de los presentes.


Poco más tarde se descubrió que la chica procedía de Irún y que sufría del síndrome del conductor vasco. Una enfermedad que hace que las personas afectadas por ella, tenga un impulso irresistible de crear el caos, la muerte y la destrucción con cualquier vehículo a su alcance.


Para las 19:00 la mujer ya estaba recluida en el hospital de Santiago para su tratamiento cuando, tras empujar a la enfermera que la llevaba en camilla a rayos X, saltó de la misma para empezar a conducirla por los pasillos del hospital atropellando a médicos y pacientes por igual.



En otro caso que pone los pelos de punta hablaremos de Gregorio. Un hombre de 94 años natural de Bilbo, que circulaba con su silla de ruedas por la calle cuando al ver a una pareja se abalanzó sobre ellos. Según relató a la policía, la noche anterior había leído "50 sombras de Grey" y estaba intentando impresionar a la chica. Por su descendencia vasca sabía que la mejor forma de hacerlo, era demostrar su conducción temeraria sobre los huesos del desafortunado novio.


Ahora en serio. Como imaginaréis, estos accidentes son inventados. No así el artículo del periódico cuya foto he puesto decorando esta entrada. "3.000 maltratadores o conductores vascos cumplen penas alternativas a la cárcel".


Vamos a ver ¿es de verdad?


¿Qué tiene que ver que alguien conduzca de forma negligente con otra persona que sistemáticamente hace daño a su pareja? Las comparaciones son odiosas.


He ahí un ejemplo de lo importante que es a la hora de querer expresarnos, intentar ver los distintos matices que puede tener una misma frase. A mí me ha sentado mal que comparen a los conductores con maltratadores. Otro encima puede alegar que ya no son solo conductores, sino que encima son conductores vascos. De hecho, más de uno puede sentirse ofendido (y muy ofendido) según lo que sienta y piense.


"Suman 3.000 personas entre maltratadores y conductores negligentes los que cumplen penas alternativas a la cárcel"


¿No es mejor así?


A veces, nos olvidamos que algo tan pequeño como una O, o un adorno como en este caso sería la palabra "vascos", puede cambiar toda una noticia. Y he dicho adorno, porque estoy convencido de que el periodista no quiso ofender, sino señalar la procedencia de los conductores a los que sumaba para llegar a los 3.000. Aunque a mi entender debería haber sumado todos los conductores y no solo los vascos para que el artículo fuese tomado en cuenta como dato para... no sé ¿Curiosidad?


A pesar de todo, nadie es perfecto. No tiene mayor importancia. Aunque... ¿Qué opináis vosotros?

2 comentarios:

  1. Coincido contigo en lo mal que se escribe en los periódicos, y en el poco cuidado que, a tenor de lo que uno lee ,ponen los periodistas.
    Tienes mucha razón cuando expones que no es lo mismo una cosa que la otra, y a mi me hubiera gustado conocer cuántos maltratadores y cuantos conductores borrachos se vieron beneficiados en Euskadi por estas medidas alternativas. Y digo ésto porque supongo que los beneficios de estas medidas se aplicarán a los condenados independientemente de que sean o no vascos. ¿O te miran el RH-?

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    1. Vaya este comentario se me pasó... :-) Buenas Juan y tienes toda la razón del mundo, últimamente lo periodistas han escrito bastantes burradas en los periódicos. Comparaciones odiosas o fuera de contexto, noticias distorsionadas u opiniones que rozan lo irreal y lo ridículo.

      Increíble el punto de desinterés que estamos llegando por la actualidad.

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