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Mi lugar especial

Con los ojos cerrados en mitad de ninguna parte, no permito que el ruido de los coches me desconcentre. Ni siquiera el olor dulzón a hierba recién cortada puede extraerme de las profundidades en las que me estoy adentrando, y de las cuales no voy a regresar intacto.


El cuero sobre el que quiero sentarme no es como el de una silla, es parte de algo más importante que el de un mobiliario de la casa, puesto que es la piel real de algo que no debería existir. Como si se diese cuenta de mi presencia, un rugido ensordecedor acalla todos los demás ruidos.


Nadie ha tenido nunca la oportunidad de acercarse. El miedo les ciega, y les impide domar a la bestia. El duro tacto de sus escamas que la protegen de cualquier daño, la visión de unas mandíbulas capaces de destrozarlo todo y el olor a muerte que desprende su sola presencia, amedranta a los más valientes. Pero eso no es lo peor. Lo más duro es mirarla y saber que es imposible tocarla. Que jamás se doblegará ante nadie, por mucho que ahora yo la quiera montar.

Yo voto SI al agua

Hoy tenía un dilema moral a la hora de ponerme a escribir. No sabía si empezar la tercera entrega sobre la creación del mundo o deleitarme con una descripción preciosa sobre mi lugar especial. Ambas me tenían enganchado. Una con su humor y la otra, con su potencial a la hora de hacerme soñar. Por desgracia, antes de sentarme frente al teclado, me dio por leer el periódico mientras desayunaba. Así que como este es mi blog y soy yo quien decide, es en la parte de los comentarios donde podéis opinar con libertad, hoy os tocará soportar mi ira social.


Bueno, el hecho es que Coca Cola ha creado un ERE que afecta a mil doscientos cincuenta trabajadores en España (por ahí he oído que pueden llegar incluso a los mil quinientos, no estoy seguro). Así que esta entrada trata sobre otra de esas "pequeñas" compañías con buenos beneficios, que ha decidido subirse al tren de las nuevas oportunidades que les abre la reforma laboral impuesta por el gobierno.


¿Qué motivo han dado? Como siempre, un mercado competitivo. Pero encima, despedir a mil doscientos cincuenta trabajadores provoca unas ligeras mejoras en la compañía de las que no han hablado como por ejemplo, hacer que el resto de la plantilla le entre miedo y trabaje más duro. ¿A que es una buena idea? Si es que no sé porque no le dejaron hacer lo mismo a Telefónica...

La creación, esa rara casualidad 2

Por si acaso, en esta ocasión os recomiendo leer la primera parte (que está debajo de esta) para que haya continuidad, antes de empezar con esta entrada. Que la disfrutéis.

Tras el problema de los dinosaurios, Dios tardó un tiempo en recuperarse. Era incapaz de mirar a la tierra sin que le doliese ver que Saurus, colmillitos, tres dedos y el malo de Trex, habían desaparecido para siempre. Aquello no podía volver a ocurrir. Era ilógico que por un pequeño problema como un ligero apocalipsis, todo se fuese al traste. Era un asunto tan serio, como el incidente antes de crear la gravedad. Tenía que idear una solución para que aquello no volviese a ocurrir.


Al principio, pensó en cubrir todo con una red invisible alrededor del planeta; más que nada para que las cosas se quedasen dentro. Lo llamó, atmósfera. Funcionaba más o menos bien. Vamos que dejaba las cosas dentro. Pero estaban flotando sin control, como si les hubiesen dado un chute de Red Bull. Sin embargo, no era eso lo que quería. Además ¿y si en lugar de caerse al vacío infinito se quemaban? ¿Y si era un maremoto lo dejaba todo destrozado?

La creación, esa rara casualidad

En toda película que se precie, siempre tiene que haber dos polos opuestos enfrentados. Gatos contra perros, los ninjas contra los samuráis, los dinosaurios devorando seres humanos como si fuesen golosinas o robots que quieren ser libres. La lucha del bien contra el mal o contra las injusticias es una guerra tan antigua, que siempre ha estado allí. Pero ¿Cómo empezó todo? ¿Y cómo terminará?


Se rumorea que antes de que nada existiera, Dios estaba mirando al vacío infinito pensando que hacer con todo aquel espacio. Llevaba cuatro eternidades allí sentado y empezaba a aburrirse de no hacer nada provechoso con su tiempo. Necesitaba distraerse con algo y organizar aquel lugar, era el mejor plan de los últimos siglos.


Lo primero, fue crear la luz y ver todos los rincones de los que disponía para llenar de trastos y ocurrencias. Resulta que la nada era mucho más extensa de lo que nunca se había imaginado, allí dentro cabía de todo. Era alucinante. Con una sonrisa ante tantas posibilidades, lo llenó con dos globos. Eran unos globos traslucidos, que flotaban sin que nada les molestase. Hermosos como ellos solos, llenaban el vacío aunque no lo suficiente.

Superheroes

No llevo capa ni los calzoncillos por fuera. No puedo mover cosas con la mente y si me golpean, sangro como un ser humano normal. Pero no soy como los demás. He salvado en cinco minutos a una niña de una enfermedad terminal en la que agonizaba. He cambiado las leyes de los hombres en un suspiro. He mostrado mi descontento hacia el maltrato animal de tal forma, que los perros me vitorean por la calle. He ayudado a una aldea perdida en lo más hondo de una selva amazónica, a tener agua corriente e incluso mostré mi furia ante los actos del gobierno que retrocedió acobardado.


Si, yo soy esa persona a la que nadie conoce. Ese héroe anónimo que permanece en las sombras, pasando desapercibido hasta que la humanidad le necesita. Yo soy... un firmador profesional de las protestas en las redes sociales.


Sé que sin mi granito de arena, todo el mundo estaría sumido en el caos. Sin la constancia de mi nombre no llegaríamos a los siete millones de firmas para dar un chupete nuevo al tal Pedro Juárez de Tijuana. Sin mí, visionando las crueldades de la vida en esas fotos medio gore que posteo, correríamos el riesgo de olvidar por qué estamos luchando.

Como conseguir un buen trabajo

Tras analizar un millón de variables de lo que podría llegar a interesar a todas las personas del planeta, he dado por fin con un tema impactante ¿Cómo narices hago para encontrar trabajo de una vez? Porque seamos sinceros, es lo que más nos está costando estos días.


Como habéis sido fieles seguidores de las locuras de mi blog, voy a intentar ayudaros con unas pocas ideas que espero os hagan sentir mejor.


Vendedor de patatas fritas: Un estudio riguroso de las fábricas de patatas fritas, me ha demostrado que aquí hay un filón que pocos saben aprovechar. Os muestro los pasos a seguir para que funcione al cien por cien.


Lo primero es conseguir unos tiestos y poneros a plantar patatas como locos. Conseguid bolsas de plástico y una máquina que envase al vacío con precisión. Una vez las tengáis, las cortáis en tiras finas y atención, MUY importante, ponéis dos rodajas en bolsas gigantescas. Con un bolígrafo, ponéis una carita sonriente y un anuncio original. Algo así como “Las únicas patatas 100% caseras” y las vendéis a 3 euros la bolsa.

La amante discreta

He conocido reyes y plebeyos. A ricos y pobres. No son pocos los que han sentido mi caricia ansiosos por que les tomase y tampoco son pocos, a los que he tenido que forzar contra su voluntad.


Tengo un hambre que nunca se sacia. Un corazón tan sensible que siente el dolor del mundo entero y unos pensamientos que nunca perdonan. En mi curiosidad, a veces tomo al novio amante a escondidas de su prometida. Otras veces, solo miro como se aman sin involucrarme. Sin que me descubran. Sabiendo que tarde o temprano, destruiré su felicidad.


A veces juego a asustar y otras, ayudo a sobrevivir. Soy lo que soy y no puedo remediarlo. Disfruto cada segundo como si la eternidad fuese insuficiente para mí. Sé mucho sobre la vida, aunque nunca lo bastante como para que alguien no me sorprenda. Es en los momentos cuando tememos perderla, que la gente se hace grande. Que viven por primera vez al límite de sus posibilidades y se descubren a si mismos como lo que son. Héroes y villanos, víctimas o verdugos.

Emaleth

En esta vida solo tengo dos cosas seguras. Que el mundo no es tal y como creí conocerlo hasta el día de hoy, y que si me quedo quieta, mi novio me matará.


Os preguntaréis quién soy. Mi nombre es Emaleth, reina de las cortesanas de Batiriel, el mágico reino de las hadas. Descendiente directa de la gran Amentxumekatoriparisopiomun y el gran rey Afosiquetoli… toli… toli algo. Mierda, aún no me lo sé bien. Todo el tiempo dándome vueltas los dichosos nombres en mi cabeza y no soy capaz ni de recordar eso.


Solo puedo asegurar que soy Emaleth, la verdadera descendiente de las hadas. Abandonada en secreto para confundir a nuestros enemigos, me crie entre humanos ignorando mi derecho de nacimiento. Pero ayer, ayer me abrieron los ojos a la verdad y el cabrón que lo hizo me dejó sola con un montón preguntas sin respuestas y otro montón aún más grande de gente que ahora quiere matarme.

Miedo

Hoy sé que es domingo, aunque no me importa gran cosa. Para mí el domingo es como un lunes cualquiera o el miércoles de la semana que viene. Tan solo un día más. La única diferencia es que hoy, no me apetecía despertar. Estoy cómodo, seguro, feliz, me sumerjo entre mis fantasías flotando de la consciencia a la inconsciencia como si no tuviese ningún problema. Como si pudiese permitirme soñar todo el día con tonterías. No quería levantarme, es la verdad, pero el exterior se empeña en hacerse notar intentando arrebatarme mi paz interior.


Abro los ojos analizando el lugar en el que vivo. Miles de veces, he oído como la gente se queja de sus apartamentos como si fuese un lugar indigno. Si tuviesen el mismo espacio que yo, verían que sus tremendos castillos son motivo de dicha en comparación con el agujero en el cual hago mi día a día. Supongo que esa es la razón por la que no tengo tele, ni lavadora, ni siquiera una triste nevera. No hay espacio…


A pesar de todo, no me quejo. Al contrario que muchos otros, por lo menos tengo un sitio donde dormir calentito. Fuera llueve, hace frio y a veces nieva. Fuera es malo, fuera es dañino, fuera es peligroso.

Diario de una fantasía

Buscando en el baúl de los recuerdos, encontré la caja de Pandora y rebusqué en su interior partes de mi pasado. Entre muchos escritos viejos, cartas olvidadas y relatos que nunca acabé, estaba esta pequeña joya. De todos mis relatos cortos, este fue el primero que envié por la red para ganar una pequeña apuesta. Hace ya mucho de aquello, aun así no he querido retocarlo para que no pierda la esencia de lo que en antaño fui. Desde ya os informo que no es una lectura apta para menores, al resto... espero que la disfrutéis y me deis vuestra opinión.


No recuerdo cuando ocurrió todo esto, hace unas horas, unos días, tal vez incluso unos años. Puede que ni siquiera haya ocurrido de verdad por que a veces, mientras le miro, pienso que todo esto es parte de un sueño. Que nada puede ser tan perfecto. Pero no quiero complicarte querido diario, déjame que empiece desde el principio, déjame contarte los secretos que turban mis noches y pueblan mis fantasías.


Él y yo éramos amigos desde hace tiempo e ignoro el tiempo que pase en su compañía aquella noche. Las horas pasaban lentamente sentada en el banco mientras me dejaba hechizar por su persona. Su voz, suave y segura, era una de esas voces que te deleitan, de esas que puedes escuchar hasta que el sol de la mañana te encuentre con una sonrisa. Mientras sus palabras bailaban en mis oídos me fijé en sus manos, manos amplias, fuertes y robustas, con unos dedos largos y agraciados. Un escalofrío recorrió mi cuerpo imaginando como sería sentirlas pasar por mi piel.

El viejo y la niña


El agua del lago estaba en calma, ni siquiera la ligera brisa que de vez en cuando mecía la barca conseguía alterar la cristalina superficie. Como cada sábado desde hacía diecisiete años, a las siete de la mañana, ya estaba Charls Bremiel moviendo su caña.


Aquel anciano, tenía la cara marcada por las arrugas de los años y la tez quemada por el sol. Nunca había sido demasiado guapo y si alguien le preguntaba, lo único bueno que diría de si mismo es que le gustaban sus impresionantes ojos negros. Se habían borrado las marcas en las comisuras de sus labios cuando sonreía, de lo poco que lo hacía y sus manos temblaban en un tic que no podía controlar.


Aquel pequeño rincón en soledad, era todo lo que le quedaba para si mismo. Desde la muerte de su mujer y la no tan deseada jubilación, pescar era todo el trabajo que tenía en su futuro. Pero no era esa la razón por la que se negaba a poner cebo en su caña. La verdad es que aunque le gustaba el sitio, odiaba cuando picaban. La vida era demasiado corta y hermosa para arrebatársela a otro ser vivo sin motivo. Él, con un trocito de carne y un cacho de pan, ya tenía suficiente para comer. Así podía olvidarse de causar ningún tipo de sufrimiento cuando algo se tragaba el anzuelo.

Holocausto



El efecto mariposa, es un concepto dentro de la teoría del caos según en el cual, la mínima variación en un sistema caótico puede provocar un cambio drástico en el mundo. Pero ella, solo era una pequeña rana y no lo sabía.


Había visto en otros amigos que perder la cola era parte de su transformación. Aún así, estaba entre nerviosa y asustada cuando llegó el momento final. Habían pasado más de catorce semanas en el proceso, y aunque había aguantado estoica las bromas sobre lo que le costaba terminar su evolución estaba impaciente. Finalmente, allí estaba. Si, puede que fuese un poco más pequeña que el resto de sus congéneres y que hubiese tardado un par de semanas más que la más lenta en terminar, pero era como todas las demás y estaba orgullosa.


Deseosa de probar en que consistían todos esos cambios, desafió a la gravedad con todas sus fuerzas. El salto fue magistral, jamás había llegado tan lejos. A pesar de todo, el sentimiento de triunfo desapareció cuando llegaron a sus oídos las críticas del resto. Había sido su segundo salto, el primero si se tenía en cuenta que hoy había terminado de transformarse. Sus amigas no podían esperar que llegase tan lejos como ellas, después de todo habían tenido más tiempo de practicar, eran más altas y...

La llamada de la sangre


A través de los cristales del bar, todo era oscuridad en el exterior. Roger, echó un vistazo al reloj calculando cuanto faltaba para que amaneciese maldiciendo en su interior.

-Siento el retraso -Dijo una chica de no mas de dieciséis años al sentarse a su lado -¿Llevas mucho esperando? -Preguntó con aquel tono entre juguetón e infantil.

-Solo desde la hora en la que habíamos quedado -La regañó -Tengo poco tiempo para estar aquí, si vas a llegar tarde lo mínimo que podías hacer es avisarme -Se contuvo al darse cuenta de como la chica se encogía sobre la silla -¿Has pensado lo que te dije?

Era una pregunta fácil con una respuesta fácil, un si o un no, no había más posibilidades. Quizás esa fue la razón por la que al verla dudar, provocó que su irritación creciese.

-No quiero hacerte daño... -Dijo con voz tímida.

-Pero...

Noche de rayos y truenos.

El trueno hizo retumbar todos los cristales de la casa. Eran las tres de la mañana y aún faltaban dos horas antes de que el despertador sonase anunciando que tenía que ir a trabajar, cuando un grito le despertó.


-¡Papaaaaaa!


-Tranquilo, ya voy yo -Le dijo Karen adormilada -odio estas noches de tormenta.


-No pasa nada cielo, -comentó Nelson mientras se ponía en pie y buscaba sus zapatillas -Es mi turno y tú necesitas dormir.


-¿Seguro que no te importa?

Asesinato en el bosque

Lo que Kevin más tenía clavado en el cerebro, no era la presión que ejercía el gatillo sobre su dedo. Ni siquiera el peso del arma en sus pequeñas manos mientras apuntaba con cuidado. Lo que no conseguía quitarse de la cabeza, era el penetrante olor a sudor que exhalaba su propio cuerpo.


El tiempo que llevaba allí tirado completamente quieto se le estaba haciendo eterno. Sentía calambres en los brazos y las piernas y la ligera molestia en el abdomen se había transformado en una necesidad acuciante de orinar o reventar. A pesar de todo no se movió. No iba a fastidiar este momento por nimiedades como esas.

 
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