miércoles, 26 de marzo de 2014

Una de preguntas

Hoy ha llovido, ha salido el sol e incluso ha estado nevando por un buen un rato; y es que el clima está loco. Pero eso no es lo peor. Lo más duro ha sido aguantar que por la calle, la gente no dejase de hablar del tiempo. Cada vez que entraba en cualquier sitio repetían hasta el infinito “Qué mal día hace ¿No?”.


Qué pasa ¿que hasta que no he entrado yo no han notado como llueve? ¿Qué el resto de clientes van con gafas de sol y en manga corta? Vamos, que es impresionante la cantidad de joyas que sueltan por ese agujero al que llaman boca.


¿Qué nieva? Pues siempre está el listo que te suelta



— ¿Tienes frio?


—No que va, esto blanco que me cubre el abrigo tras horas caminando sin paraguas ni capucha es caspa.


¿Qué llueve?


— ¿Te has mojado?


—Naa, que va. Si yo en mi tiempo libre suelo andar esquivando las gotas de agua como si fuese un ninja profesional.


¿Qué hace calor?


— Menudo sol ¿no?


—Vaya, pues porque me lo dices. Te juro que hasta que no hablaste pensé que era medianoche.


Y es que no falla. Siempre hay una pregunta clave para demostrar inteligencia o la falta de ella.


La típica escena al entrar a casa y ver a tu pareja en el sofá soltándote aquello de:


—Cariño, no es lo que parece.


Vale. En ese caso me estás poniendo los cuernos, porque lo primero que pensé es que estás hablando con el vecino de física cuántica y os habéis quitado la ropa para que los neutrones compensen la falta de oxígeno que hay entre el espacio de los cuerpos...


Somos así tontos. Pero no solo buscando excusas, también dando datos. Cuatro años estudiando en las mejores universidades del país para acabar en una fábrica y decir “Quillo, pásame la mierda esa que está en el sitio ese donde dejamos las cosas”. Que en esos casos o le hechas imaginación al asunto o te buscas otro trabajo.


Yo, en algunos, creí que me había vuelto telépata. Vamos que me decían “Oye, pásame la mierda esa que corta” Una frase, un objeto, un reto.


"Que corta, descartamos martillos, llaves inglesas, lapiceros, cellos… Puede ser un cúter, una cuchilla, una navaja, una sierra, una espada, un picahielos, un rayo láser… Vale, me arriesgo con las tijeras y si eso, uso el comodín de la ostia"


Que esa es otra. Cuando empiezas en un trabajo, a todos los veteranos les cuesta comprender lo nervioso que estás. A cada falta, parece que te perdonan la vida mientras piensan si deberían lapidarte o tan solo darte unas cuantas patadas en la entrepierna.


— ¡Pero vamos a ver cacho inútil! ¿Es que no sabes programar la ecuación para que el nuevo prototipo que trajeron la semana pasada corte en 3D estas piezas? Las necesitamos ya y son al milímetro. Es que menuda vergüenza de gente que traen para ayudar. Vamos a ver ¿Cuánto llevas aquí?


—Empecé hace diez minutos y me dijeron que esperase quieto sin moverme…


Caso verídico que le pasó a un amigo mío. Pero ¿Cómo he pasado de hablar de preguntas tontas a trabajo? Ah, ya sé, porque nadie puede negarme que es en los trabajos donde la mayor parte de las veces nos tropezamos con la gente más "inteligente" que podemos echarnos en cara.


Recuerdo un día que vino un cliente muy convencido a verme y me dice:


—Oye, ¿Recuerdas que el otro día me pediste que me abriese un mail para mandarme la información? Pues no recuerdo la contraseña.


A lo que respondí:


—No te preocupes, tengo aquí los papeles. Te los puedo imprimir para que les eches un vistazo en casa y así…


—No, no. Si yo lo que quería es que tú me dijeses si sabías que contraseña puse.


— ¿Y yo como lo voy a saber?


—Joder, fuiste tú el que me pidió que me abriese un correo. Deberías saberlo.


—Bueno, no te preocupes que no pasa nada. De hecho, tengo aquí los papeles para que les…


—No, si no hace falta. Los tengo en el correo. No te preocupes que ya lo miro en casa cuando sepa abrirlo.


Estoy convencido de que en diez años más lo habrá logrado. No le deben quedar muchas palabras más para usar de contraseña.


Es gracioso. Ahora ha pasado el tiempo y me rio del momento. Pero imaginaros la frustración de ese instante cuando la lengua se mueve sola y quiere decir lo que piensas de esa persona.


Es como cuando vas a pagar algo y se te cae de las manos una moneda de dos euros (Que no sé por qué, son las más propensas a escapar) y cuando la coge alguien te pregunta:


— ¿Es tuya?


Que notas en su cara que está pensando “Di que no, di que no”. Debe ser por la crisis que piensan "A ver si el capullo este no se ha dado cuenta y me la quedo". Vamos, que el mundo está lleno de listos. Quién no ha aguantado cosas como:


Te caes en mitad de la calle y siempre alguien dice ¿Te has hecho daño?


O llegas a casa tras catorce horas de trabajo y una voz pregunta ¿Estás cansado?


También cuando te deja la persona que más amas en esta vida y preguntan los amigos una y otra vez ¿Estás bien?


Y qué me decís cuando tras un mes a dieta y te pillan mirando un filete y comentan eso de... ¿Tienes hambre?


Son unos genios. Como por ejemplo cuando estás esperando a alguien que se retrasa y al venir lo primero que dice es ¿Llevas mucho esperando? Solo la hora y media que tardaste gili...


Es horrible. Casi dan ganas de matarlos a todos para que no hablen. para no escucharles. Aún así siempre hay unas mejores que otras que sacan tu lado más oscuro. La mía es cuando estás sudando la gota gorda, estresado y de mal humor y el jefe de turno aprovecha a preguntar ¿Estás ocupado?


Es en esos momentos cuando coger un bate y golpear a todo el mundo en las costillas no parece algo tan dañino. Podría incluso considerarse una terapia de relajación.


Que buena idea. Ahora mismo cojo un bate y voy a relajarme. Un abrazo enorme para todo el mundo.

2 comentarios:

  1. Quizá a mi también me hace falta un bate...

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  2. Jajajaja. Ya me imagino a muchos con un bate por la calle....

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