lunes, 11 de noviembre de 2013

El chico que abrió el bote de mayonesa.

Hace poco, en una entrada de FB, tuve un pequeño intercambio de ideas con "Simplemente Tavamy" sobre las princesas Disney. Una conversación sobre el machismo y feminismo de estos dibujos en la sociedad. Ya ha pasado algún tiempo de eso y no sé si ella se acordará, pero como siempre me ocurre, las ideas se agolpan en mi mente y siguen girando intentando cobrar vida hasta que me siento a escribir.


Princesas que necesitan de un caballero y caballeros que necesitan de una princesa. En pleno siglo veinte aun nos deleitamos con ese rol tan acostumbrado de los géneros enfrentados. Chicos contra chicas, hombres contra mujeres, Sexo débil contra ¿Sexo fuerte? Por favor, si de todos es sabido que una buena patada en la entrepierna nos tumba durante media hora...

Superheroes

No llevo capa ni los calzoncillos por fuera. No puedo mover cosas con la mente y si me golpean, sangro como un ser humano normal. Pero no soy como los demás. He salvado en cinco minutos a una niña de una enfermedad terminal en la que agonizaba. He cambiado las leyes de los hombres en un suspiro. He mostrado mi descontento hacia el maltrato animal de tal forma, que los perros me vitorean por la calle. He ayudado a una aldea perdida en lo más hondo de una selva amazónica, a tener agua corriente e incluso mostré mi furia ante los actos del gobierno que retrocedió acobardado.


Si, yo soy esa persona a la que nadie conoce. Ese héroe anónimo que permanece en las sombras, pasando desapercibido hasta que la humanidad le necesita. Yo soy... un firmador profesional de las protestas en las redes sociales.


Sé que sin mi granito de arena, todo el mundo estaría sumido en el caos. Sin la constancia de mi nombre no llegaríamos a los siete millones de firmas para dar un chupete nuevo al tal Pedro Juárez de Tijuana. Sin mí, visionando las crueldades de la vida en esas fotos medio gore que posteo, correríamos el riesgo de olvidar por qué estamos luchando.

martes, 5 de noviembre de 2013

Dudas imposibles...

¿Recordáis la primera vez que leísteis una novela de misterio? Qué tiempos aquellos en los que nos deleitábamos con Sherlock Holmes, las aventuras de los cinco o incluso los libros de Agatha Christie. Con una lupa, resolvíamos los crímenes sobre quién se había comido la última galleta en casa o el difícil caso sobre quién se bebía y no rellenaba la botella de agua de la nevera o para que servían las cubetas de hielo… sin hielo.


Éramos genios en potencia desperdiciados. Pero ahora que hemos crecido, sabemos cuál es el código Da Vince, que es lo que Nicolas Cage encontró en la búsqueda e incluso el significado de palabras tan extrañas y complejas como finiquito en diferido. Somos tan inteligentes que sabemos el final del sexto sentido sin haberla visto y que Luke Skywalker, no nació de una mata de plátanos, porque conoció a su padre.


Sin embargo hay cosas que se nos escapan. Algo para lo que nuestra mente no está preparada y jamás llegaremos a entender del todo. ¿Por qué el resto de los conductores siempre lo hacen peor que uno mismo? Es decir, ¿Es que en caso de accidente ellos son de goma y no les pasa nada?

 
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