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Din don Suena el reloj

En un ataque de felicidad extrema ante la entrada de año nuevo, de gentileza única que nos otorga la navidad con sus villancicos, me toca a mí ser la nota discordante que tiña de gris esta rosada realidad. No todas mis entradas iban a ser cómicas. Hay una época en la que estoy triste. Tan triste, que no puedo ni llorar.


En mi tradición privada, en lugar de mirar con esperanza el año nuevo, examinó el que quedó atrás mientras me despido de todo lo que me regaló. Es así como extraño las sensaciones que nos han acompañado desde que éramos niños y que la mayoría, tiene olvidadas en un rincón de su cerebro.


Por ejemplo, seguro que habéis olvidado cuando íbamos por la calle con una mochila más grande que nosotros, donde llevábamos nuestro peso en libros para un día de clase. No como los flojuchos de ahora, que el que no tiene taquilla en el instituto le ponen una mochila con ruedecitas para que no se haga daño. Si es que no me extraña que luego les falte fuerza a los pobres.

Mi tipo de chica

En este mundo, existen tantos tipos de mujeres como de hombres. Las hay guapas y feas, más o menos delgadas, inteligentes y tímidas, o brutas y simpáticas y entre esos extremos, un montón de personas diferentes. Es una pasada, ¿Os imagináis que dilema a la hora de ligar? Cuando era pequeño no sabía por cual decidirme, así que hice una pequeña lista de virtudes para saber qué era lo que buscaba en una mujer.


Yo no soy de los que piden milagros ni mucho menos, no voy por ahí buscando un estereotipo. Las chicas de la gran pantalla, en la realidad pierden parte de su encanto. Siempre opiné que durante esa hora y media que dura la película, más que la actriz lo que nos pone es la aventura en si y… bueno, quizás un poco las escenas subiditas de tono.

Lo peor del mundo

Si hay algo sabido por todos, es que el mundo está lleno de desastres. Tenemos tsunamis, terremotos, incendios, inundaciones, insolaciones, volcanes, siete partes de la película Saw... pero, tras analizar todos los datos posibles, he llegado a la conclusión de que solo hay uno que joda de verdad. El peor de todos es... (redoble de tambores por favor) el hundimiento.


— ¿El hundimiento?


—Si señor, el hundimiento


— ¿Pero seguro? No parece tan grave.


Claro ¿Queréis pruebas? Si como no, toda argumentación tiene que contener pruebas irrefutables. Bien empecemos. El Titanic, ¿Le hubiese afectado algo un incendio? Si, pero se hunde y ahí es cuando se jode todo. La Atlántida ¿Un tsunami? Le hubiese sentado mal, pero ¿Cuándo se va todo a tomar por saco? Cuando se hunde. El crack del 29, una tragedia ¿Por qué? Porque la bolsa se hunde. ¿Veis? Está escrito que es el peor de los males.

El chico que abrió el bote de mayonesa.

Hace poco, en una entrada de FB, tuve un pequeño intercambio de ideas con "Simplemente Tavamy" sobre las princesas Disney. Una conversación sobre el machismo y feminismo de estos dibujos en la sociedad. Ya ha pasado algún tiempo de eso y no sé si ella se acordará, pero como siempre me ocurre, las ideas se agolpan en mi mente y siguen girando intentando cobrar vida hasta que me siento a escribir.


Princesas que necesitan de un caballero y caballeros que necesitan de una princesa. En pleno siglo veinte aun nos deleitamos con ese rol tan acostumbrado de los géneros enfrentados. Chicos contra chicas, hombres contra mujeres, Sexo débil contra ¿Sexo fuerte? Por favor, si de todos es sabido que una buena patada en la entrepierna nos tumba durante media hora...

Dudas imposibles...

¿Recordáis la primera vez que leísteis una novela de misterio? Qué tiempos aquellos en los que nos deleitábamos con Sherlock Holmes, las aventuras de los cinco o incluso los libros de Agatha Christie. Con una lupa, resolvíamos los crímenes sobre quién se había comido la última galleta en casa o el difícil caso sobre quién se bebía y no rellenaba la botella de agua de la nevera o para que servían las cubetas de hielo… sin hielo.


Éramos genios en potencia desperdiciados. Pero ahora que hemos crecido, sabemos cuál es el código Da Vince, que es lo que Nicolas Cage encontró en la búsqueda e incluso el significado de palabras tan extrañas y complejas como finiquito en diferido. Somos tan inteligentes que sabemos el final del sexto sentido sin haberla visto y que Luke Skywalker, no nació de una mata de plátanos, porque conoció a su padre.


Sin embargo hay cosas que se nos escapan. Algo para lo que nuestra mente no está preparada y jamás llegaremos a entender del todo. ¿Por qué el resto de los conductores siempre lo hacen peor que uno mismo? Es decir, ¿Es que en caso de accidente ellos son de goma y no les pasa nada?

Al cerrar los ojos...

Cierro los ojos y veo las cenizas de un mundo sumergido en el caos, mutados persiguiendo a los últimos supervivientes que quedan de la humanidad que intentan permanecer con vida. Abro los ojos y el sol entra radiante por mi ventana alumbrándome en un nuevo día tranquilo. Cierro los ojos. La música y la poesía me transporta más allá del firmamento a un mar de estrellas donde acaricio a la osa menor sin que su otra constelación rival se enfade. Abro los ojos y la gravedad me tiene atrapado con su abrazo, negándose a que extienda mis manos al cielo infinito y vuele por siempre con las nubes.


Cierro los ojos y veo monstruos y villanos, héroes y princesas que necesitan ser salvadas. Veo heroínas enfrentándose al mundo por el amor que anida en su corazón y como un niño cualquiera puede sobrevivir a los problemas de un mundo que no le quiere. Abro los ojos y veo en las noticias como otro niño se suicida, como familias se destruyen y como el tono rosa con que pinto mis sueños se vuelve negro con la realidad.

¿Eres feliz?

Como cada día me despierto, abro los ojos y me quedo en la cama tan quieto que parece que estoy muerto. Diluyo mis pensamientos con sueños imposibles, mientras la realidad se impone y me aleja de Morfeo. Es en esos momentos cuando he podido disfrutar de ser rico y derrochar millones en fruslerías, de ser más que pobre e intentar sobrevivir en la indigencia, de viajar por el mundo y conocer culturas y personas diferentes, de negarme a salir de casa y ver como las cuatro paredes que forman mi hogar aumentan mi miedo hasta el infinito, de ver un caballo salvaje y montarlo para escapar bien rápido perseguido por millones de tarántulas. Cuando lo imposible me acaricia, le dejo y lo disfruto.


Entre todos esos pensamientos, hoy me vino a la mente algo que extraño mucho de mi ciudad. Es un reloj despertador que me compró mi padre por mi cumpleaños hace ya algún tiempo. Creo que nunca se lo dije, pero me encantó. Era un aparato chino (Como todos los que tenemos en la actualidad) que tenía hasta un sensor para medir la temperatura. Sin embargo, el sensor había que pegarlo en la ventana y por miedo a que cayese en la cabeza de un vecino nunca me atreví a colocarlo. Al igual que jamás puse ninguna de las emisoras de música que podía captar, ni lo usé de despertador ya que el sonido que hacía era demasiado estridente.

Para esa gente especial...

Si en algún momento alguien me preguntase que es lo que más hice durante mi infancia, no lo dudaría. Leer. Desde que tengo memoria siempre me ha gustado. Recuerdo aquellos libros de bolsillo que me daba mi padre sobre pájaros y setas. Supervivencia en la selva o en la montaña. Cocina saludable o rica y sabrosa.


Recuerdo como le suplicaba a mi madre cuando íbamos al Sabeco de las afueras de Vitoria (Aquel centro comercial taaaaan lejano en aquel entonces) para que me dejase a solas en la sección de los libros y sentarme a leer en lo que ella hacía la compra. Recuerdo el primer día que leí Rudiguer, el pequeño vampiro o como me reí con el pirata Garrapata. Aquel primer día en que conocí la biblioteca de la Florida y cuando me echaron de la misma al no poder contener mi risa con las aventuras de Tintín. Me recuerdo discutiendo con una genetista sobre el ADN y los cambios evolutivos tras haber leído "La hija de Júpiter" y que se quedó impresionada con mis conocimientos y también como Lestart el Vampiro me conmovió hasta lo más profundo. Recuerdo que a mis mejores amigos y solo a ellos, les premiaba con mis mayores tesoros. Mis libros preferidos, intactos, para que al igual que yo tuviesen el placer de vivir a su lado mil aventuras.

Supervivencia

Hoy tenía dispuesto un momento flash bastante original, sobre un artículo que leí en el periódico esta semana. Me apetecía mucho escribirlo y compartirlo con vosotros, hasta que leí otro que sacó lo peor de mí. El titular era "Ojala que se extingan los escritores" del profesor Gonzalo Pontón Gijón. (Podéis encontrarlo en http://blog.udllibros.com/wp-content/uploads/gonzalo1.pdf


En el mismo, habla sobre la perdida de la "buena" literatura ante la cantidad impresionante de escritores que se buscan la vida en este oficio. El choque generacional del libro frente a los medios electrónicos y la perdida de calidad literaria en función de escribir libros menos buenos, pero más rentables. También (Y aquí me tocó la fibra sensible) sobre que debería desaparecer la profesión de escritor, para ser solo una dedicación parcial por aquellos que les nazca.



Si claro. Como si dedicarle media hora al día después de trabajar, consiguiese que tus palabras fuesen muchos mejores que dedicándoles el tiempo que se merecen. Es decir... ¿En que estaba pensando cuando escribió todo esto?

Lo que siempre quisiste del deporte

Hoy me he levantado, he corrido y ahora... mataría por una hamburguesa con queso, mostaza y kétchup en cantidades industriales. Si, esa es la verdad. Quiero sustituir el ejercicio y una dieta sana por calorías en exceso y una alimentación más sabrosa y perjudicial. ¿Qué me quiero comer tres hamburguesas en el Burger de la esquina? Pues me las como. Pero entonces ¿Para qué corro?


Yo os lo diré. Paso de la típica excusa "Quiero sentirme bien" "Me gusta estar en forma" "De mayor el cuerpo lo agradecerá" Son todas unas burdas mentiras que nos repetimos para no sentirnos hipócritas con la verdad... Odiamos a Mario Casas. Si, todos los que le conocemos le aborrecemos. Voy a fundar un club del odio en el que juguemos a los dardos con su foto.


Entendedlo, es quitarse la camiseta en una película y hasta la vecina de arriba, que ni siquiera ve la misma película, suelta "Dios, que bueno está" que te quedas con una cara de bobo increíble. ¿Es que no se da cuenta de que la estoy oyendo y llevo cinco años enamorado de ella?

Grandeza

No vais a creerlo, pero hoy voy a hablaros de algo que me fastidia mucho. Que los coches no vuelen. Si, si, ya sé lo que estáis pensando, que menuda tontería. Pero cuando era pequeño, siempre creí que al llegar a la madurez los coches volarían, que los videojuegos serían de realidad virtual y las enfermedades estarían casi erradicadas (Una gripe para faltar al trabajo un par de días siempre viene bien, así que esa la dejamos a propósito). Creí que podríamos estudiar por el placer del conocimiento y que viajar a Venus en fin de semana, estaría sujeto a grandes descuentos. No como Plutón, que sería solo para los más sibaritas.


Siete de Agosto del dos mil trece. Parece que fue ayer cuando escribía con mala letra en mi cuaderno a rayas "agosto de mil novecientos ochenta y nueve". Miro por la ventana y descubro que Plutón ya no es un planeta, los coches siguen yendo por carreteras llenas de baches, los ciclistas se juegan el tipo enfrentándose a un camión o yendo en la parte de atrás de una ambulancia y en los videojuegos puedes amputar la cabeza de una persona disparándola y sin embargo le ponen un velo negro a los personajes cuando tienen algo de índole sexual.

Caminando con dragones

Cuantas noches en el silencio de la oscuridad he gritado un nombre que jamás he oído. Cuantas he suplicado por algo distinto, de lo que este planeta es capaz de dar. Cuantas veces me he limitado a refugiarme en mis fantasías, intentado encontrar algo remotamente parecido a lo que leí en los libros.


Supongo que esa es la razón de que me criase rodeado de dragones, hadas y princesas. De que una parte en mi interior, aun guarde espacio para que habite la magia. La deseo, la necesito, la busco y la doy, con la misma facilidad con la que la encuentro.


No dudo que la vida esté llena de personas como yo, gente que anhela en su rutina una parte de amistad, amor, magia, compañerismo, desenfreno, imaginación, aventura, deseo, erotismo y tantas otras cosas que solo conocemos cuando dormimos. Quién sabe si algún día tendremos el valor de tomarnos la libertad para coger nuestros sueños y crear algo con ellos. Un mundo nuevo. Una forma diferente de vivir en el que se respeten pensamientos y opiniones. Un lugar con la suficiente madurez, que permita saber lo que es justo y actuar en consecuencia. Un sitio en el que los actos hablen de cómo somos y no tan solo de lo que queremos.

Mi momento...


Cuando las lagrimas ya no son suficientes para expresar el dolor que atenaza un corazón. Cuando el tiempo es incapaz de sanar las heridas que halla en un alma destrozada y nuestros pasos nos adentran por terrenos inexplorados por encima del cielo. ¿Acaso no es mejor desear algo mayor que el más grande sueño jamás tenido que hundirse en las profundidades de la tristeza?


Vagando por el mundo sin paz ni descanso, he llegado a maldecir el instante en que la locura se apropio de mi vida y me obligó a enfrentarme a tientas a los monstruos que moran en mi interior. Es así como durante años, me mantuve en pie por el mero hecho de continuar entre esos sueños que me matan y ansió, esas fantasías que tiñen de rosa mi realidad.

Crisis en España

Aunque sé que no es miércoles, hoy me apetecía escribir así que aquí me tenéis. De todos es sabido el vicio que le tengo a visitar a los amigos sin un motivo previo. Es en una de esas de esas visitas, donde se desarrolla la historia de hoy. Bueno, más que una historia es un hecho real que he encontrado curioso.


Resulta que una de mis amigas a las que quería ver tenía trabajo y me pareció buena idea, ya que nunca está de más, hacerla compañía y echarla una mano. El trabajo consistía más que nada en buzonear y pegar por las paredes la típica propaganda. Algo sencillo antes de tomarnos un café con pincho incluido.


No habían pasado ni veinte minutos desde que empezamos cuando nos encontramos con un individuo de carácter sospechoso. ¿Sabéis cuando una persona no está mirando hacia ti, pero sin embargo sabes que te está vigilando? Pues él miraba así.

Un día gris...

Hoy no quiero dar un consejo para escribir. No tengo ganas de regalar un momento flash de una historia que tal vez escriba... o tal vez no. No será un pensamiento y ni siquiera colgaré una foto para adornar esta entrada. Hoy, sentado a solas sobre el teclado, dejaré a esa parte que llena de magia mi vida llenarse de tristeza.


En días como este, cuando el extraño del espejo me mira sonriendo, me busco sin encontrarme. Le hablo asustado preguntándole que ocurre, que ha cambiado y entonces lo sé. Ahora que la nostalgia agarra mi pecho y lo aprieta con la dulzura con la que solo la tristeza nos toca, me descubro recordando todas esas aventuras que he vivido y las que he decidido no vivir. Todos esos momentos que he tenido y aquellos que he dejado escapar. Las cosas buenas a las que he sobrevivido y aquellas malas que he superado. Las revivo una vez más en mi mente, sentado en mi sofá y pienso... si hoy muriese ¿Sería feliz?


No sé que es esta historia. No sé que quieren estos sentamientos. De hecho, aunque soy mi mejor amigo, nunca llegué a entenderme bien. Pero la respuesta a esa pregunta es si...

De vocación: Escritor


Como he dicho en anteriores opiniones, la sociedad está equivocada al definir a un escritor. Aquí en España, nos creemos que un escritor es aquel que vive de su escritura, el que ha publicado cuatrocientas mil ediciones de su libro y lleva un ferrari como coche. Desde ya os informo, de que yo conduzco un hyundai de diez años, apenas sobrepaso a las ciento cincuenta mil visitas con mis relatos y que para cenar prefiero huevos con patatas a caviar... Ser escritor es un camino duro y mal recompensado.


¿Por qué entonces merece la pena esforzarse? Por la misma razón que aunque nunca nos lleguen a fichar para el real Madrid, nos gusta ir a jugar un partido con los amigos el fin de semana. Nos nace.


En mi experiencia, diré que me parecía el camino lógico a seguir. Cuando descubrí la lectura, me atrapó de tal modo que veinte años después aun me tiene enganchado. Siendo niño volé con dragones, participé en guerras y resolvía crímenes a diario. Descubrí el amor, el honor y la amistad de cien maneras diferentes. Creí en lo imposible porque descubrí que sin esperanza, todo está perdido. Viví los sueños de los escritores como ellos los tenían guardados.

La primera vez... que llega el fin del mundo



Hoy me apetece hablar de algo interesante, el fin del mundo. Ya ha quedado atrás la famosa fecha del veintiuno de diciembre del dos mil doce y no serán los mayas los que vaticinen la catástrofe. No sé lo que tardará otro meteorito en estar lo bastante cerca de la órbita terrestre como para suponer una amenaza, ni cuanto puede aguantar la capa de ozono si decido comprarme un coche y lo que es peor... ¿Sobreviviremos a otra entrega de "Gran hermano"?


No lo sé, no me importa. Aunque la verdadera pregunta es ¿Por qué nos da tanto miedo que el llegue el fin del mundo? No es algo tan grave. Si somos sinceros con nosotros mismos, en el último momento solo tendremos dos preguntas en la cabeza.

  • ¿Me dolerá? 
  • ¿Qué será del mundo sin mí?

La primera... muerte.



Mi nombre es Gael Solano y vengo a confesarme, soy un asesino. Con mi cara de buena persona he sido capaz de acabar con la vida de miles de personajes entre mis páginas. He sido el ardid de accidentes mortales, incluso he llegado a elaborar diversas tramas con finales trágicos. He torturado y mutilado a un sin fin de personalidades y todo ello por el mero hecho de crear un rival digno del héroe, por darle un motivo al protagonista de la historia para que pueda luchar contra el destino o simplemente porque la víctima estorbaba en un plan para conquistar la ciudad o quien sabe... quizás el mundo.

La primera... gominola.



Mientras pensaba que poner, me dedicaba a lanzar por el aire las gominolas y que cayesen en mi boca sin usar las manos. Cuando un aro con pica pica se vengó golpeándome en la nariz para acabar sobre mi portátil, supe que estaba llamando mi atención para ser parte de una historia.


Después de limpiar mi teclado, (En América un teclado en condiciones con su Ñ y los acentos pertinentes es más escaso que una tortilla de patata bien hecha...) me quedé pensando ¿Puede ser importante en nuestra vida algo tan nimio? Al llevármelo a la boca para que me deleitase con su sabor descubrí la respuesta. Si queridos lectores, hasta un aro de pica pica tiene derecho a ser parte integral de un momento.

El primer... descubrimiento



La vida es un camino de continuo descubrimientos. Si vas por la calle mirando el suelo puedes hallar un reloj, una cartera, un anillo… Si miras al cielo puedes encontrarte una estrella, un pájaro o quien sabe, quizás hasta un ovni. Si en lugar de eso te esfuerzas en mirar hacia adelante tal vez descubras una mirada que te derrita, un camino que te guíe o un destino como meta.


Pero somos seres humanos, no estamos destinados solo a eso. Podemos, por ejemplo, mirar hacia atrás y encontrar en el pasado la solución a esos problemas que nunca creímos superar. Podemos mirar a un lado y ver quiénes son las personas que han decidido acompañarnos en nuestro viaje o incluso cerrar los ojos para ver en el fondo de nuestros pensamientos quiénes somos de verdad. Todo es posible. Solo tenemos que estar concienciados de que el día tiene veinticuatro horas con sesenta minutos cada una y en cada uno de ellos, siempre puede haber algo diferente.

 
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