jueves, 14 de febrero de 2013

La primera... gominola.



Mientras pensaba que poner, me dedicaba a lanzar por el aire las gominolas y que cayesen en mi boca sin usar las manos. Cuando un aro con pica pica se vengó golpeándome en la nariz para acabar sobre mi portátil, supe que estaba llamando mi atención para ser parte de una historia.


Después de limpiar mi teclado, (En América un teclado en condiciones con su Ñ y los acentos pertinentes es más escaso que una tortilla de patata bien hecha...) me quedé pensando ¿Puede ser importante en nuestra vida algo tan nimio? Al llevármelo a la boca para que me deleitase con su sabor descubrí la respuesta. Si queridos lectores, hasta un aro de pica pica tiene derecho a ser parte integral de un momento.



¿Por qué? ¿Cómo? ¿Es que acaso lo habéis olvidado? Hubo un tiempo que con una gominola éramos felices todo el día. Su sabor era espectacular, el azúcar en vena nos hacía sentir dichosos y lograrla era un suplicio de súplicas y un momento heroico cuando vencíamos la resistencia de nuestra madre. Pero a medida que pasaba el tiempo, cambiamos la gominola por bolsas de patatas fritas. Más tarde, lo que queríamos era quedarnos en la cama y faltar a clase un lunes cualquiera. Más tarde aún, queríamos aprobar, queríamos quedarnos en la calle hasta la hora que nos diese la gana y después de eso queríamos enamorar a la persona que nos gustaba.


Después de todo eso crecimos, pero seguimos deseando tener cosas. Hasta que llegó el día en que dejamos de querer. Tuvimos el coche, la casa, la chica, el dinero, la hipoteca y solo ansiábamos algo en el subconsciente, sin saber bien que. Es fácil, queríamos el sabor de aquella pequeña gominola. Sentir el primer, beso cuando cogernos de la mano era testimonio de un amor incondicional. Queremos tener la ilusión de que con el paso del tiempo, seguimos siendo aquellos niños que fuimos en antaño.


Lo somos, no nos damos cuenta pero aun lo somos. Solo que a veces no tenemos tiempo para disfrutar el entrar en una tienda de dulces y gastarnos treinta euros en chucherías, mientras vamos a casa disfrutando de no tener hora límite para acabar sentados en un sofá viendo una peli de adultos.

3 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Me alegro mucho que te guste, intentaré que todos tengan algo especial para que no sepas decidirte cual es tu favorito

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  2. Estas cosas las volvemos a vivir con nuestros hijos pequeños. Ahora con mis niñas estoy aprendiendo acerca de las nuevas comiquitas, por ejemplo, de Dora la Exploradora y de lo dulce que suelen ser los caramelos :)

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