miércoles, 16 de octubre de 2013

¿Eres feliz?

Como cada día me despierto, abro los ojos y me quedo en la cama tan quieto que parece que estoy muerto. Diluyo mis pensamientos con sueños imposibles, mientras la realidad se impone y me aleja de Morfeo. Es en esos momentos cuando he podido disfrutar de ser rico y derrochar millones en fruslerías, de ser más que pobre e intentar sobrevivir en la indigencia, de viajar por el mundo y conocer culturas y personas diferentes, de negarme a salir de casa y ver como las cuatro paredes que forman mi hogar aumentan mi miedo hasta el infinito, de ver un caballo salvaje y montarlo para escapar bien rápido perseguido por millones de tarántulas. Cuando lo imposible me acaricia, le dejo y lo disfruto.


Entre todos esos pensamientos, hoy me vino a la mente algo que extraño mucho de mi ciudad. Es un reloj despertador que me compró mi padre por mi cumpleaños hace ya algún tiempo. Creo que nunca se lo dije, pero me encantó. Era un aparato chino (Como todos los que tenemos en la actualidad) que tenía hasta un sensor para medir la temperatura. Sin embargo, el sensor había que pegarlo en la ventana y por miedo a que cayese en la cabeza de un vecino nunca me atreví a colocarlo. Al igual que jamás puse ninguna de las emisoras de música que podía captar, ni lo usé de despertador ya que el sonido que hacía era demasiado estridente.



Entonces ¿Qué es lo que tanto me gustaba? Simple. Que daba la hora en el techo. Que al abrir los ojos, no necesitaba moverme para disfrutar del lento pasar de esos últimos cinco minutos mientras un millón de tarántulas me persiguen antes de empezar a trabajar.


Ver la hora en el techo, me hace feliz. ¿Por qué digo esto? Porque hace poco jugué al famoso juego que de las cinco preguntas. Ese que en el fragor de una noche de fiesta te hace conocer un poco mejor a aquellos con los que compartes risas y buenos momentos. Dos de las cinco preguntas creo que las erré al contestar y quería corregirme.


Una de ellas era "¿Que te hace feliz?". Aunque parece una tontería, las preguntas son tan importantes como las respuestas. Todo buen periodista debe responder a “qué, quien, como, cuando y donde”. Y aunque no se encuentra en la estructura básica opino en también debería responder al “por qué”.


¿Qué te hace feliz? Al responderla, explicamos cómo somos. A qué le damos importancia. Qué nos preocupa. A mí me hace feliz ver la hora en el techo, algo sencillo y simple. No quiero ser rico, no necesito ser famoso, ni siquiera me preocupa el hambre en el mundo, las injusticias o los problemas de la sociedad. Esos temas me parece que habría que trabajarlos o corregirlos, en algunos casos incluso ambos. Pero no son algo que me ayude a sonreír cada mañana. Mis cinco minutos soñando despierto, repetir postre (sobre todo si es helado) o poder jugar a un videojuego nuevo durante un par de días sin descanso, si.


¿Eso me convierte en peor persona? No lo sé, no lo creo, no me importa. En el secreto de su dormitorio cada cual sueña con lo que más desea y le conviene. Con aquello que le hace sentirse especial e importante o a gusto consigo mismo. Lo mismo un Ferrari que acabar con la miseria de la humanidad e incluso mirar el techo.


¿Soy feliz? Esa pregunta abre puertas infinitas en las miles de personas que pueblan el mundo. Es algo que deberíamos preguntarnos cada mañana y obtener una respuesta positiva cada noche. Esforzarnos en aprender a disfrutar de esos pequeños placeres momentáneos que podamos robar en nuestra corta existencia mientras exploramos las infinitas horas con las que puebla cada día.


Y ahora me diréis ¿Y la segunda pregunta cuál era? Pues os diré que fue ¿A dónde te gustaría viajar?


Dije que a Egipto. Me muero por ver un laberinto de verdad, probar suerte internándome en su interior y ver si soy capaz de salir (Yo que me pierdo en una calle recta en un pueblo vacío). Pero hay un sitio que tengo más ganas de conocer que ese... otro mundo. Me gustaría viajar al espacio y ver como es otro planeta. Comprobar si somos tan avanzados como nos creemos o unos bárbaros prehistóricos según otras especies. Tener tiempo para explorar el infinito y comprobar si los extraterrestres son al final verdes, grises o morados.


¿Un sueño? ¿Una locura? Quizás solo sea una tontería de niños que aún me dura a mis treinta y cinco años, pero así es como soy feliz. Con esas pequeñas estupideces que me regalan una sonrisa un miércoles cualquiera.

2 comentarios:

  1. la felicidad esta en las pequeñas cosas y es la verdad, en lo mas simple y sencillo ..ahi esta escondida, sonreir a alguien q no conoces y alegrarle el dia, o q te sonrian y te alegren a ti, q te digan lo bien q estas, ayudar a una persona en algo y ayudarle a ser feliz. no es cuestion de dinero ni poder...bueno si es d poder y de querer. buen miercoles y hazle una foto a esa hora en el techo!!!!

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  2. dichoso tu, que tienes todos esos pensamientos, sueños, e inquietudes mezcladas con la imaginación. Hace mucho que mis sueños no permanecen en mi cabeza cuando despierto, si es que aún tengo, no lo se, y cuando suena el despertador, dos minutos para saber donde estoy y que dia es, y ya a correr a todos los sitios, las obligaciones diarias . Por esa razón debe ser que jamás tuve imaginación. Soy feliz? no lo se, si sé que no soy infeliz, y que además nunca tuve un reloj en el techo, igual me falló eso ojajaj, sigue mirandolo y si ya no existe imaginalo que tu puedes

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