miércoles, 20 de febrero de 2013

Noche de rayos y truenos.

El trueno hizo retumbar todos los cristales de la casa. Eran las tres de la mañana y aún faltaban dos horas antes de que el despertador sonase anunciando que tenía que ir a trabajar, cuando un grito le despertó.


-¡Papaaaaaa!


-Tranquilo, ya voy yo -Le dijo Karen adormilada -odio estas noches de tormenta.


-No pasa nada cielo, -comentó Nelson mientras se ponía en pie y buscaba sus zapatillas -Es mi turno y tú necesitas dormir.


-¿Seguro que no te importa?



-También presumo de hijo cuando vamos al parque, ¿No es así? -La sonrisa que mostró su esposa al tumbarse de nuevo, merecía el esfuerzo -No tardo -prometió.


-Eres el mejor -concedió mientras dejaba que Morfeo volviese a atraparla entre sus garras.


Con desgana, Nelson caminó por el pasillo en completa oscuridad hasta llegar a la habitación de Marco. Al entrar, la tenue luz del quitamiedos que había sobre la mesita, iluminaba lo bastante como para esquivar los juguetes desperdigados por el suelo y dar un aspecto fantasmagórico a los payasos con los que estaban decoradas las paredes. Sobre la cama, sentado con la manta cubriéndole la cabeza, esperaba consuelo un niño de tan solo cuatro años de edad.


-¿Cómo está mi pequeño gigante? -Con cariño empezó a bajar las mantas dejando al descubierto un pelo castaño y una carita asustada -¿Te asustan los rayos? -Le preguntó. Cuando el niño afirmó con la cabeza, se le rompió el corazón -¿Quieres venir a dormir con mamá y conmigo al cuarto?


-No puedo -dijo el chiquillo con un hilo de voz.


-¿Por qué no?


-El monstruo me cogerá.


-Yo no le dejaré, vamos que te llevo en brazos -Cuando el niño se negó con la cabeza suspiró cansado -En ese caso no me dejas opción, tendré que dar en el culo al monstruo por portarse mal y asustarte. Donde está, ¿En el armario? -Al abrirlo, la ropa en las perchas bailó como consecuencia de la brusquedad del movimiento -¡Ah! El maldito me tiene miedo, se ha ido.


-No papá -Le informó Marco -Está debajo de la cama.


-¿Debajo de la cama? -Se acercó con lentitud evitando hacer ruido -Este monstruo feo se va a enterar. Nadie asusta a mi hijo y se va de rositas. -La forma en que su hijo le estaba mirando le hizo sentirse un héroe -Chiiiiis, no hagas ruido -le pidió llevándose un dedo a los labios -No queremos que el monstruo se escape. -Marco le sonrió confiado mientras se agachaba, y siguiendo sus órdenes, no gritó. Ni siquiera cuando con un trueno, vio desaparecer a su padre debajo de la cama.


El despertador sonó levantando a Karen, a la que le extrañó no encontrar a su marido en la cama. La tormenta había amainado, pero probablemente se había quedado con su hijo para que la dejase dormir tranquila. Salió del cuarto y al entrar en la habitación para despertarle, se sorprendió de no encontrarle ahí. Por contra, Marco estaba quieto mirando al suelo con paciencia.


-Hola cariño -dijo acercándose y acariciando esa cabeza llenas de rizos -¿Y papá?


-Papá está debajo de la cama dándole al monstruo en el culo por asustarme -La informó orgulloso.


-¿Debajo de la cama? -Cuando se lo confirmó, se puso de rodillas en el suelo. Allí no había nada. ¿Se habría ido sin decirla nada?


-¿Está el monstruo? -Preguntó Marco con un asomo de duda en la voz.


-No cariño. Papá le dio tan fuerte que ha debido cambiar de casa. Ahora duerme, me voy a la cama.


-¿Y si está en el armario?


La mujer abrió la puerta del armario, en su interior las perchas volvieron a bailar.


-¿Ves? Papá cuando echa a un monstruo lo echa de verdad. -El niño parecía más seguro ahora -Que descanses.


-Buenas noches mamá.


Salió dejando la puerta cerrada. Le costaba entender por qué no se había despedido si se había ido a trabajar, ni por qué no apagó el despertador. Al entrar en el cuarto, sobre el suelo, descansaba una de las zapatillas de andar por casa de su esposo.


-¿Cariño? -Le llamó insegura -¿Estás aquí? -Nadie la respondió. Al coger la zapatilla, le llamó la atención una mancha roja que había en un lateral. Un sonido proveniente de debajo de la cama la sobresaltó. Era como si alguien estuviese royendo algo -¿Eres tú cariño?


Insegura, se agachó a mirar debajo de la cama. Al hacerlo, a ella si le dio tiempo a chillar cuando algo la agarró de la cabeza arrastrándola a la oscuridad.

2 comentarios:

  1. Ma gusta mucho todo lo que estoy leyendo. Enhorabuena por todo lo que has conseguido!

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  2. ................ segunda parte de esta historia!!! tanto la de la rana como esta merecen una segunda parte!!!!!

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