miércoles, 5 de junio de 2013

El laberinto de los locos


Aunque hay miles de libros, a la hora de escribir una historia solo hay dos formas de hacerlo.


  • En la primera, el escritor se lanza a lo desconocido. Desafía a la inspiración a que día tras día le visite para hacer su trabajo. Al igual que el lector, va descubriendo lo que esconden las páginas a medida que las va desarrollando, sin que sepa que es lo que va a pasar.
  • En la segunda, el escritor tiene el final a la vista. Antes de poner la primera palabra, el muy tramposo ya sabe como va a acabar la historia aunque no tenga desarrollado todos los puntos.


Saber el final o desconocerlo, no hace a una novela mejor o peor. Cada persona tiene un estilo al que se adapta con más facilidad. De todas formas, quería explicar que escribir sabiendo como va a terminar todo, no significa que tengas todo el libro en la cabeza, solo que sabes como quiere que acabe y que todas las acciones que se desarrollen en su interior, lo llevará hasta ese punto. Por ejemplo, podría escribir sobre un hombre muy piadoso que en la página final se encuentre siendo un asesino. Es entonces cuando desde la primera palabra hasta la última, narraríamos los sucesos que le han arrastrado hasta ahí. ¿Era todo una fachada ? ¿El asesinato de alguien conocido le hizo volverse un vengador justiciero? ¿Le están haciendo chantaje? ¿Unos alienígenas han ocupado su cuerpo? ¿Ha abierto un negocio de funeraria y quiere beneficios extras para superar la crisis? Todo es válido, lo que importa es que sabiendo como es el final, lo que hagamos nos llevará hasta ese punto.

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