Escuela de supervillanos

Queridos estudiantes, ser malos no es algo fácil. Ser un villano no es un trabajo que pueda hacer cualquiera. Hace falta estómago para ello; corazón. Porque no hay nada más sencillo en este mundo que dejarse llevar por el lado bondadoso del ser humano ¿quién no entraría en un edificio en llamas ante los lloros de un niño en la ventana? ¿Quién no subiría a un árbol para salvar al gatito de la vecina del quinto? Sí, esa, la que tiene el cuerpo de infarto.


Vamos, cualquiera. Todos sueñan con ser héroes. Es muy sencillo. Solo tienes que hacer caso a tu conciencia antes de tomar cualquier decisión. ¿Edificio en llamas? Entra… ¿Gatito en árbol? Sube… ¿Semáforo en rojo? Paras… ¿Qué tocan elecciones? Votas… Ser un héroe es sencillo.



Por eso, porque sabemos lo difícil que es ser un supervillano, aquí garantizamos lo mejor en educación y tortura. Nada de dejar vivo a un agente secreto para que se libre de nuestras trampas con algún dispositivo recién inventado. No, aquí matamos al agente y mandamos el cadáver al burger de la esquina para ganar un poco de dinero extra que nunca viene mal a nuestro imperio del crimen.


Con los cinco pasos del primer curso, garantizamos una supervivencia básica aumentada el doble de lo normal. Lo que hagáis en ese tiempo lo dejo a la imaginación de cada uno pero las premisas iniciales pueden ayudaros si prestáis atención.


Paso uno: respeto. Lo mejor para ser un supervillano invencible es enseñar a los niños a respetar a los demás. Ya sea el empollón o el fortachón de clase, no nos interesa tener una rivalidad anclada en nuestra infancia. Ese al que miramos con tanta superioridad, puede ser algún día nuestro alter ego y más vale contar con ese cerebro o esos músculos en nuestro favor que en nuestra contra.


Paso dos: anonimato, ese gran desconocido. A todos nos gusta presumir de lo que hacemos profesionalmente, pero cuando te busque la policía, el FBI, la CIA, Mortadelo y Filemón y hasta tu ex, no nos interesa que nos encuentren. Hay que practicar el arte de pasar desapercibido hasta que se vuelva un hábito. Que la próxima vez que salgas de fiesta y le pregunten a tu ligue ¿Con quién te acostaste ayer? Responda “¡Ostras! pues ahora no caigo.”


Paso tres: Supervivencia. Tarde o temprano, como villanos que sois, tendréis que matar a alguien. Es comprensible. Sois los malos y todo eso… pero la muerte solo es el principio de un problema mayor. Aquí, en la escuela de supervillanos, os enseñaremos a sobrevivir después de ese instante. Y no me refiero al psicólogo que muchos necesitan cuando pegan un tiro al desdichado que lleva años queriendo frustrar nuestros planos… no. Me refiero a la esencia misma de la supervivencia. Cuando matemos a ese héroe de pacotilla enseñaremos a no dejar ningún cabo suelto. Acabaremos con sus padres, con los hermanos y hermanas, amigos, compañeros de la mili, del trabajo y de la iglesia. Habría que valorar incluso matar al perro que tuvo de pequeño por si las moscas. De nuestros alumnos no se venga nadie porque no dejan supervivientes a su paso.


Paso cuatro, uno de los más complicados, el arte de la persuasión. Todo villano que se precie tiene que ser un experto en el arte del regateo, del canje, de la extorsión y de los negocios en general. Así que cada fin de semana llevamos a nuestros alumnos a distintos bazares por la ciudad para practicar con los mejores. Mohamed Alí y La Juani son dos ejemplos de lo mucho que nos falta aún por aprender a los villanos de la calle en el arte del timo con las palabras y todo eso estará al alcance de nuestros alumnos.


El último paso, el quinto, es uno de mis preferidos. Promoción. Aunque los más novatos creerán que este paso está reñido con el dos, anonimato, no podrían ser más diferente. Porque no es lo mismo que insinúen “El halcón robó un millón de dólares en diamantes” a que digan mientras te miran con cara de cabreo que los robaste tú. ¿Entendéis el concepto? Conseguir que hablen de ti sin que sepan que están hablando de ti.


En una experiencia personal, por ejemplo, entró el otro día mi novia en casa y cuando vio la casa destrozada, varios sujetadores colgando del ventilador del techo, el alcohol en vasos sin posavasos encima de la mesa y las paredes pintadas con spray gritó “¡Dios mío! ¿Quién ha hecho esto? Y yo, como buen profesional, respondí “No lo sé… habrá sido El halcón”. Y ahí me quedé tan pancho. Luego tuve que recoger todo por algo de que el halcón no iba a cazar nunca más un conejo o algo así… ¡Bah! Tonterías claro.


Al asunto…


Ser un supervillano no es fácil pero podemos. ¿Qué hay un edificio en llamas? Eres tú el que tiene las cerillas… ¿Un gatito en un árbol? A ver si ahora la vecina tiene los ovarios para no fijarse en ti… ¿Semáforo en rojo? Que paren o se atengan a las consecuencias. ¿Qué hay elecciones? Pues votamos, porque una cosa es ser un supervillano y la otra gilipollas que luego nos va como nos va.


Un abrazo.

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