lunes, 19 de enero de 2015

¿Y si murieses ahora mismo? ¿Qué querrías que te pasase?

De manera inconsciente, con esa sencilla frase, tus pensamientos ya volaron a un destino. Ese beso sin dar, ese sueño sin alcanzar, ese puñetazo que nos reservamos... Es el final de un momento lo que nos hace darnos cuenta de lo que es importante para nosotros.

A la hora de escribir veo en mis personajes una extensión de la vida. Puede que ninguno de ellos sea real, pero las emociones, los impulsos y su día a día es algo que queremos. Fueron millones los que soñaron hacer magia con Harry Potter, las mismas personas que soñaron caer en una de las cincuentas sombras de Grey ¿y qué me decís de a cuantos de vosotros no os habría encantado resolver el enigma del código Da Vince?

Esa gente es real para el escritor que conoce todas y cada una de sus manías. Pero también lo son para el lector que vive y ama cada página como si fuese él el que está sumergido entre las letras de esa novela. ¿Quién puede decir que no es así?

Es una idea tan disparatada como realista. Somos lo que comemos, lo que bebemos, lo que vemos y lo que leemos... así qué ¿cuantas vidas tienes mi querido lector? Tú que has visto la Atlántida flotando y has viajado más allá de las estrellas a conocer seres de otra galaxia, tú que conoces la vida más allá de la muerte y que has bebido de la fuente de la eterna juventud esquivando a Ponce de Leon, tú que has llorado y has reído con ellos como nunca lo has hecho salvo con tu intimidad. ¿Qué tan viejo eres?

Yo ayudé a Alejandro Magno a conquistar el mundo guiado de la mano de Valerio Massimo, navegué por los siete mares con el pirata Garrapata y temí por la humanidad con el día del trífido, viaje a través del tiempo con Rudol Hefting en cruzada en Jeans y temí la inmortalidad con Lestart el vampiro. Descubrí que la gente no siempre es buena pero que la esperanza es lo último que se pierde. Que esa gente irreal me enseñaba de genética en la hija de Venus o como la inocencia veía la crueldad con el niño del pijama a rayas.

Así que cuando alguien se me acerca y me habla de Claudia, de Daniel o de Deán no me queda otra que maravillarme. Mis pequeños y queridos amigos. ¿A cuanta gente han conocido? ¿A cuanta más van a conocer? Me fascina su forma sencilla de ser. Su manera de simplemente existir.

Son como nosotros. Están porque un día vienen al mundo hasta el día en que se olvidan y dejan de vivir. La dulce muerte. Y estoy seguro que en ese momento, si pudiésemos preguntarles dirían... ¿Podrías escribir mi historia? Quiero que se conozca como viví y como morí. Quiero que la gente sepa cuanto luché por mis sueños y como me enfrenté a la vida con uñas y dientes negándome a rendirme.

Así que dime querido lector... ¿Y si murieses ahora mismo? ¿Qué querrías que te pasase?

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